Nueva cultura con viejos reclamos: los empresarios sub- 40 arman la agenda

Las empresas deben contribuir con el desarrollo de la sociedad, aseguran. Critican el individualismo y piden bajar impuestos.

De izq. a der., Miguel Ippolito (del rubro de la construcción, 31 años), Pietro di Campello (del sector agropecuario, 36 años), Guido Miedvietzky (entretenimiento y turismo, 31 años), Belén Couso (cosmética, 35 años), Juan Manuel Barrero (consultoría, 34 años) y Ulises Protto (gastronómico, 33 años) plantean sus diferencias con el empresariado “tradicional”.


Nacidos en democracia y criados en los albores de Internet, una nueva camada empresaria busca su lugar con un discurso renovado y una visión más abarcativa que la de sus antecesores. Sin renegar de los históricos reclamos (baja de impuestos, reglas claras y permanentes y créditos blandos), los jóvenes líderes creen que su rol es contribuir al país generando riqueza, de vincularse con otros sectores para hallar consensos y critican la búsqueda de ganancias fáciles y rápidas. Ellos aseguran que son portadores de un cambio cultural, pero que esos cambios aún no se vislumbran porque son lentos. Y reclaman que “los liderazgos existentes deberían dar lugar a los liderazgos emergentes”, es decir, ellos.


Estas miradas ambivalentes surgieron en una charla con empresarios sub-40, exponentes de la generación millennial, convocada por el Económico con el objetivo de analizar sus preocupaciones, esperanzas y vivencias como hombres y mujeres de negocios. Varios aceptaron la propuesta: Pietro di Campello (del rubro agropecuario, 36 años), Ulises Protto (gastronómico, 33 años), Miguel Ippolito (construcción, 31 años), Guido Miedvietzky (entretenimiento y turismo, 31 años), Belén Couso (cosmética, 35 años) y Juan Manuel Barrero (consultoría, 34 años).


El intercambio de opiniones arrancó con la pálida imagen del empresariado que surge en las encuestas. Por caso, un estudio reciente de la consultora CIO indica que “más del 80% de la población no los conoce o les parecen poco o nada confiables” explica Cecilia Mosto, su directora. En el ranking aparecen con solo el 17% de opiniones positivas, apenas por delante del Congreso (15%), sindicatos (7%) y la Justicia (6%). “La gente le atribuye una sola contribución: la creación de empleo. Lo sorprendente es que hay una descalificación generalizada hacia el resto de las funciones básicas que desarrollan los empresarios, como la mejora en la oferta de productos y la calidad de servicios”, concluyó la experta.


-El ministro de Producción, Francisco Cabrera, pidió que los empresarios dejen de llorar y que inviertan. ¿Ustedes también lloran?


Barrero: Sinceramente creo que la expresión fue desafortunada. Siempre hay quienes hacen las cosas bien y mal. Igual, reconozco que las cosas como están no han funcionado y que los empresarios en general tuvieron una mirada muy individual. Pero no se puede cambiar la cultura de las personas de un día para el otro. Creo que la forma de construir hoy es diferente, que los jóvenes tenemos la oportunidad de construir desde lo colectivo. Está mal generalizar y seguramente hay empresarios que siempre fueron llorones, pero también están los que tienen una actitud muy positiva, con una mirada a largo plazo y que sale de la coyuntura.


Ippolito: Es una cuestión generacional. En su mayoría, la camada anterior estaba centrada en que todo tiempo pasado fue mejor, que está bien quejarse del entorno y que siempre estamos mal. Creo que mucho de eso tiene que ver con nuestra ascendencia española e italiana. En mi caso particular, yo soy optimista y creo que en las crisis o en los momentos difíciles está la oportunidad. Como empresario yo tengo esa visión. Algo fundamental que ha cambiado y que coincidimos los que estamos acá es que las empresas no están aisladas de la sociedad. Somos parte y hay que tomar conciencia del impacto social que generan las compañías.


-Entonces, en algún punto la crítica de Cabrera es acertada.


Ippolito: Yo creo que esa frase está referida a la generación de Cabrera y no a los jóvenes empresarios.


Protto: Las generaciones jóvenes tienen mucho más presente la visión de unirse y que desde la unión surjan las soluciones. La Argentina tiene recursos de sobra para que todos podamos hacer lo que queremos. Soy un fanático de la productividad y en los empresarios de antes lo que predominaba era el lucro por el lucro mismo. A mí no me interesa ser el 10 de un equipo, sino que me conformo con ser el 4 de un buen equipo.


Couso: Me di cuenta de que ante momentos complicados o de crisis nos las tenemos que ingeniar. En esas circunstancias, siempre hay empresarios que lloran y se quejan,y otros que no. De todos modos, algunas quejas son lógicas, como ser la impotencia de algunas pymes que afrontan situaciones difíciles, que son genuinas.


Di Campello: No suma llorar porque dejás de invertir y te quita el foco en lo que hay que hacer.


-¿No hay empresarios que reclaman protección del Estado y que no quieren competir?


Di Campello: Sí los hay, pero hay de todo, como en cualquier colectivo o sector.


Miedvietzky: Me parece que hay que tomar en cuenta otros aspectos. Habitualmente yo trabajo con proveedores del exterior y muchos me manifiestan su sorpresa de cómo cambian las condiciones en la Argentina. Es un logro de este gobierno que exista mayor previsibilidad, pero los empresarios en los últimos años tuvieron que afrontar cambios permanentes, de regulaciones y de todo tipo. Me parece que es un problema general, de todos los sectores y no solo de los empresarios, de tratar de entender los problemas de los demás y no juzgar si son llorones o no.

"La gran diferencia con el empresario “tradicional” es que los jóvenes tenemos un mayor compromiso con la sociedad y el entorno", proclama la nueva camada..


-¿Qué diferencias existen entre ustedes y los de la generación anterior?


Ippolito: Lo principal es ver en cada crisis una oportunidad.


Couso: La gran diferencia con el empresario “tradicional” es que los jóvenes tenemos un mayor compromiso con la sociedad y el entorno. En el paradigma anterior, alcanzar el éxito era un logro individual. Y faltaba una visión más abarcativa, del compartir, de vincularse con otros sectores.


-¿Cuál sería el rol del empresario?


Barrero: Es un tema cultural. Nuestro rol es entender que el empresario es un actor dentro de un sistema más amplio y tiene que tener empatía con los demás sectores. Ahora, si hoy entre los mismos empresarios tenemos diferencias, es mucho más difícil lograrlo. Eso requiere del armado de espacios de encuentro para ir generando confianza entre los diferentes sectores y no para sentarte únicamente para negociar una paritaria o cualquier otra condición. Creo que es prioritario generar una visión compartida, con políticos, sindicatos, ONG, de sentarte con todos y entender que cada uno viene de un lugar diferente.


Protto: Creo que nuestra obligación es generar riqueza, lo que ocurre es que estamos en un país donde ganar plata está mal visto. Cuando creás una empresa es para ganar dinero, es algo lógico, pero siempre bajo ciertos parámetros y reglas.


Couso: El rol del empresario es generar riqueza y también compartirla.


Di Campello: Como productor agropecuario soy parte del movimiento Crea (entidad que impulsa el intercambio de información productiva), y desde nuestro origen lo que hacemos es compartir experiencias. El rol es que nuestras empresas sean sostenibles y que el impacto de su acción llegue a la comunidad. Antes había una visión más individualista y hoy los empresarios jóvenes nos juntamos para analizar cómo podemos ayudar al país en el cual vivimos. Porque las empresas integradas a la comunidad son referentes en innovación, independientemente de que el principal objetivo de una empresa sea obtener rentabilidad.


Ippolito: Lo que cambió fundamentalmente entre una generación y otra es el espíritu de colaboración. Antes tenías una condición que te diferenciaba y el empresario se lo reservaba. Hoy está en la conciencia de que compartir también genera valor. Y ese compartir es para arriba y para abajo. Si en tu empresa, por ejemplo, permitís que tus empleados se capaciten, van a ser mejores empleados, van a trabajar mejor y tendrán más motivaciones para hacerlo. Y eso genera un impacto social y también ayuda a la empresa a obtener más ganancias. Se logran mejores resultados de esa forma y eso está a la vista.


Barrero: Hay algo que está cambiando en el mundo y es que atesorar cada vez vale menos y lo que adquiere más valor son las ideas y la capacidad de acción. La tendencia hoy es la construcción de redes y no actuar en forma individual. Y en un mundo con tantas plataformas digitales, las cosas pasan mucho más rápido y se aceleran los cambios. Creo que ha cambiado mucho el contexto y también la forma de construir es diferente.


-¿Si esos cambios se vienen produciendo, entonces por qué hay más desigualdad y más pobreza?


Ippolito: Hoy hay un liderazgo existente y hay otro emergente. Creo que el liderazgo existente tiene que ir dando lugar al emergente.


Protto: Lo de la pobreza es cierto, pero la verdad es que con la cantidad de impuestos que se cobran, me parece que esto es más responsabilidad de los gobiernos que de los empresarios. Los empresarios tienen que colaborar, pero no es su función.


Miedvietzky: En la Argentina no era común hacer las cosas bien, como pagar los impuestos, tener los empleados en blanco, buscar y crear valor. Hoy está instalado entre los empresarios jóvenes que todos tenemos que hacer el esfuerzo para mirar a largo plazo, contra la idea de que hay que ganar dinero rápido y hacerse rico ya. Pero la verdad es que cuesta arrancar proyectos nuevos, porque los socios o los inversores pretenden resultados inmediatos. El desafío es construir una Argentina en que hacer las cosas correctas sea lo habitual y hay que convencernos de que ése es el único camino. Hay que terminar con la cultura de la avivada.


-¿Quién es responsable por el trabajo en negro y la economía informal?


Barrero: Empezamos a crear una cultura con nuevos valores. De a poco se va metiendo esa idea y nos va a llevar mucho tiempo lograrlo. Creo que hay que construir un empresario nuevo, distinto al actual.


Ippolito: Creo que nuestra generación es más colaborativa y compartir experiencias es algo propio de nuestra generación. De tratar de colaborar y también de generar un impacto social positivo Couso: Pero para que esto que venimos planteando se transforme en una política pública es un proceso muy largo. Hay que trabajar para modificar la conducta de los líderes empresarios y eso lleva tiempo.


Di Campello: Reconozco que lograr esos cambios es algo incierto, pero hoy somos más los que actuamos de esta manera que los empresarios de antes. ¿Cuánto va a llevar y cuántos somos? No tengo idea. Pero sí somos más que antes y hoy estos temas figuran en nuestras agendas, cosa que antes no ocurría.


-¿Cuáles son las prioridades para un empresario de hoy?


Di Campello: Generar empleo digno y de forma sustentable. Y que los empleados puedan progresar y mejorar su calidad de vida a través de la capacitación. Después, tratar con empresas del mismo rubro para encarar el mismo proceso en una localidad: que la escuela sea mejor, que el hospital sea mejor, que el camino sea mejor.


-¿Cuál debería ser el rol del Estado?


Ippolito: La educación es clave para formar mejores trabajadores y empresarios. Entiendo que existen problemas y urgencias, pero también hay que pensar en el largo plazo, porque para los argentinos el contexto no ayuda ni nunca va a ayudar.


Couso: Brindar más protección a las pymes y a las empresas comprometidas. Por ejemplo, con ayuda para no fundirnos y con líneas de crédito.


Di Campello: Crear reglas claras para que podamos producir. Los empresarios gastamos mucha energía en adaptarnos y yo solo quiero producir. Y es fundamental que más empresas paguen menos impuestos y no que pocas paguen más. El Estado debe generar políticas públicas que no cambien todo el tiempo.


Miedvietzky: Creo que se deben generar las condiciones para facilitar la creación de nuevas empresas, con leyes, impuestos y facilidades para invertir.


Protto: Debe existir una mayor cantidad de empresas que tributan. Por otro lado, el Estado tiene la obligación de definir un horizonte para el país porque el mundo se abrió.


-Si el Estado tiene que definir un horizonte, la pregunta es ¿hacia dónde creen que estamos yendo?


Barrero: Hoy hay dos sectores que se están privilegiando: la industria del conocimiento y el agro. Los empresarios argentinos estamos acostumbrados a salir de la zona de confort todo el tiempo, y esa actitud existe por los contextos cambiantes.


Di Campello: Tenemos una gran diferencial en el campo. Porque a diferencia de otras industrias, las empresas del agro no nos podemos ir.


-¿Qué se acuerdan de 2001?


Couso: Yo vi a la crisis como una oportunidad y los empresarios argentinos somos muy creativos. Habría que utilizar esa creatividad para hacer cosas positivas.


Protto: La Argentina tienen una deuda con la gente productiva y que apuesta al país. Se tiene que sincerar.


-¿Qué opinan de la corrupción? ¿No hay empresarios involucrados?


Ippolito: Es una mal de la sociedad y los empresarios son parte de la sociedad. Es algo que nos pega a todos.


-¿Las empresas argentinas tienen vocación global?


Ippolito: Si los argentinos no miramos afuera, es muy difícil que el país se desarrolle. Hay que dejar de mirar solo el mercado interno, crear diferencias y valor para exportar.


Barrero: Hay que moldear un empresario con valores: honestidad, ética y coherencia. También hay que ser profesional y competitivo y pensar que todo el mundo es nuestro mercado y no solamente mi barrio. Tenemos que empezar a construir esos valores porque el mundo cambia cada vez más rápido.


Protto: Debemos apostar a crear empresas competitivas y evitar exportar el talento.

-Para cerrar: ¿qué tiene hoy la Argentina y qué falta?


Miedvietzky: Se dice que hay mucho talento y existe, pero es mucho menos de lo que creemos. Acá faltan ecosistemas para formar empresas, como ocurre en los Estados Unidos, por ejemplo.


Di Campello: Nuestra principal debilidad es nuestra mayor fortaleza: la adaptabilidad. Habría que reorientar esa fortaleza únicamente en la producción.

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