Déficit fiscal y gasto público excesivo

(*) Extracto del artículo firmado por el exviceministro de Economía y publicado ayer en el sitio web del diario La Nación.

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En nuestro país, el sector público va gastando progresivamente más de lo que entra de impuestos. Así aparece el déficit fiscal, pero nadie se detiene, nadie frena el gasto. Se aumentan los impuestos, pero no alcanza. Sigue el endeudamiento para seguir gastando, pero aun así no alcanza. Se apela a la emisión monetaria para seguir financiando el déficit. Aparece cada vez más fuerte la inflación, pero no se pone un límite a este proceso. Cada tantos años, 10-12 comúnmente, se produce un default de la deuda porque nos endeudamos demasiado con el exterior o internamente y ya nadie quiere prestarnos. Caen las reservas de oro y divisas al hacer los pagos desde el Banco Central (BCRA) en lugar del Tesoro. Sigue la devaluación, sigue después la recesión y sigue el desempleo muy alto. Los pobres sufren dos veces, por la inflación y después por el desempleo. ¿No podemos parar esta compulsión de repetición tan dañina?

Recordemos que en 2007 se inició una crisis en Estados Unidos, que luego se propagó a toda Europa y Japón, y aún cuando ya pasaron 7 años desde su inicio todavía no ha finalizado. Se ampliaron los gastos públicos para reactivar la economía y los bancos centrales pusieron a los sistemas financieros en modo “respirador”, es decir, con tasas de interés casi cero para mantener la economía en funcionamiento y evitar un desempleo muy alto. En la coyuntura recesiva se aceptó todo, pero quedó pendiente el problema de cómo equilibrar las cuentas públicas de las economías europeas, americana y japonesa.

El sistema de gasto estatal al 100 por ciento del PBI fue un fracaso y el sistema puesto en marcha por la Unión Soviética cayó en 1989; sin embargo, el gasto público en las economías occidentales permaneció muy alto, quizá para siempre. Mirando al futuro, no se sabe cómo esos países podrían desmantelar la estatización de alrededor de 50 por ciento de la economía, que fue la causa principal que llevó a estas economías a la presente encrucijada. Salvo los países nórdicos, que incluso han efectuado ya hace años una reducción importante del gasto público, los demás no han encarado seriamente la forma en que lograrán salir del anquilosamiento burocrático estatal en el que han caído.

Retornando a nuestra realidad, tenemos el mismo problema, pero para peor con mucho menos “bienestar”. En los últimos años, el gasto público consolidado ha llegado a alrededor de 50 por ciento de la economía, midiendo bien el PBI, cuando normalmente sólo llegaba a 28-30 por ciento. Será difícil desarmar esta composición muy poco competitiva del país, que solo logró mantenerse hasta aquí por el viento de cola de las materias primas y consumiéndonos las existencias de capital (el stock de ganado, las reservas de gas, las de petróleo, las reservas de las AFJP, las reservas del BCRA).

Se hace imprescindible fijar límites al gasto público consolidado que, de acuerdo a la historia del país desde 1810 hasta ahora, solo puede funcionar bien con un gasto mucho más bajo y con una deuda pública interna y externa que no supere nunca el 25 por ciento del PBI.

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http://www.lanacion.com.ar/1788412-deficit-fiscal-y-gasto-publico-excesivo

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