Paritarias sin brújula

(*) Extracto del artículo firmado por el periodista y publicado ayer por el diario La Nación.


Abril y mayo no solo son meses clave para la liquidación de divisas de la cosecha de soja, sino también para la negociación salarial de las paritarias más relevantes del sector privado. Dos cuestiones que determinarán el grado de confort o conflictividad con que el gobierno de Cristina Kirchner transitará el camino hasta las PASO de agosto.

La previa de las paritarias empezó mal y ahora nadie está seguro de su desenlace. La agresiva réplica presidencial al paro general del martes último alejó la perspectiva de cambios inminentes en el Impuesto a las Ganancias para reducir su carácter confiscatorio sobre salarios que, carcomidos por la inflación, tienen poco de elitistas. Y dejó latente la posibilidad de otra huelga, esta vez de 36 horas, impulsada por el sindicalismo opositor.

Sin el dato de Ganancias, las discusiones salariales se complican. No es lo mismo que los próximos ajustes de sueldos en muchos gremios queden o no alcanzados por el impuesto. Hasta algunos funcionarios admiten, en voz baja, que habrá que buscar alguna forma de resolver la distorsión que impuso el decreto 1242/13. Esta norma deja fuera de Ganancias a los asalariados que en agosto de 2013 cobraban hasta 15.000 pesos mensuales de sueldo bruto, aunque ahora pasen a ganar más de 25.000 pesos (con aumentos de 32 por ciento en 2014 y 30 por ciento en 2015). Pero condena a los que quedaron incluidos a pagar más que nunca. Según el Instituto de Análisis Fiscal (Iaraf), si un trabajador con familia tipo percibía entonces 17.500 pesos mensuales y con los mismos ajustes llega a 30.000 pesos, deberá tributar a la AFIP 14,7 por ciento de su salario neto; o sea, algo más de un sueldo anual.

De esta manera puede darse el caso de que, en una misma empresa, empleados con sueldos brutos más bajos cobren una remuneración de bolsillo más alta que otros con salarios superiores. Este fenómeno, que los especialistas denominan “solapamiento salarial”, era habitual por la diferencia de aumentos entre los trabajadores sujetos a paritarias y el personal jerárquico fuera de convenio. Pero con esta inequidad tributaria ahora tiende a extenderse y alcanza también al Estado como empleador. Sin ir más lejos, cuando la Presidenta dijo en tono recriminatorio que un maquinista de tren gana cinco veces más que un pasajero, omitió señalar que esos sueldos surgen de decisiones de su propio gobierno, que aporta el grueso de los fondos para pagarles a los ferroviarios. Las tarifas subsidiadas no llegan a cubrir 15 por ciento de los gastos. Con este pecado original renacerá dentro de poco la empresa estatal Ferrocarriles Argentinos.

Otra incógnita tiene una raíz común: sobre qué base se negociarán los salarios en las paritarias. Por un lado, existe una enorme brecha (más de 12 puntos porcentuales) entre las mediciones de inflación de 2014: para el Indec subió sólo 23,9 por ciento, mientras la mayoría de las estimaciones privadas la ubican en un rango de 36/37 por ciento. De ahí que el Gobierno sostenga que el año pasado --cuando las paritarias cerraron en torno de 30 por ciento-- mejoró el salario real (un argumento ciertamente inverosímil, si se considera que el consumo interno se contrajo por primera vez en los 12 años de la era K). Y que consultoras como Management & Fit o Ecolatina calculen que hubo caídas de 4 a 5 por ciento. Por otro, estas diferencias abren una incipiente pulseada: si la discusión salarial girará sobre la inflación pasada o la inflación futura. Para 2015, el gobierno de Cristina Kirchner prevé un poco creíble 15 por ciento, que las proyecciones privadas ubican más cerca del doble (27/28 por ciento). Pero un ajuste salarial de 30/32 por ciento implicaría no recuperar buena parte de la pérdida de poder adquisitivo de 2014, aunque la inflación haya mostrado en los últimos meses una desaceleración, sin certezas de que pueda sostenerse hasta fin de 2015. Sobre todo, por los futuros efectos del trabajo a full de la “maquinita” del Banco Central para cubrir el creciente déficit fiscal. Por lo pronto, la consultora Elipsys estima que, después de tres meses calmos, la inflación volvió a trepar en marzo a 2 por ciento (y 26,2 por ciento interanual).

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http://www.lanacion.com.ar/1781433-paritarias-sin-brujula

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