No hay que enamorarse del cambio de expectativas

(*) Extracto de la nota firmada por el economista y publicada ayer en su sitio web por el diario La Nación.


Todos sabemos que la herencia económica que dejará el kirchnerismo será un campo minado, siempre y cuando puedan llegar hasta el final del mandato sin que les estalle el campo minado a ellos. En economía sabemos que estos programas inconsistentes pueden saltar por la causa menos sospechada en el momento menos pensado.

Formulo esta advertencia porque un escenario posible es que el mercado se anticipe a corregir la distorsión cambiaria que pretende dejar el Gobierno. El cepo cambiario, junto con el deliberado retraso de tipo de cambio real que impone el Gobierno usando el tipo de cambio como ancla contra la inflación, siempre termina en saltos cambiarios importantes. Podría darse el caso de que el mercado se anticipe a la corrección cambiaria y la gente retire sus pesos de los bancos para comprar divisas y termine habiendo una corrida financiera y cambiaria antes del cambio de gobierno. Puesto en otras palabras, cuando se retrasa artificialmente el tipo de cambio, el que lo hace sabe que está jugando con fuego y puede terminar quemándose él solo.

Pero imaginemos que nada estalla hasta el final del actual mandato y le entregan reservas mínimas al próximo gobierno, con el tipo de cambio real atrasado, déficit fiscal, un gasto público disparatado, una presión fiscal asfixiante como la actual y el resto de los problemas que conocemos. Mi impresión es que el próximo gobierno no tiene que comprar el argumento de que con el solo cambio de expectativas se soluciona todo.

Así como a principios de 2000 se creyó que el endeudamiento sustituía las reformas estructurales, no nos engañemos y pensemos que el solo cambio de expectativas por la salida del kirchnerismo es sustituto de las reformas estructurales. Sin duda que un nuevo gobierno que genere credibilidad y previsibilidad producirá un cambio de humor y expectativas que, bien aprovechadas, aliviarán la transición con, por ejemplo, el ingreso de capitales que suavizará el impacto de la corrección del tipo de cambio real que puede hacer el mercado una vez que se elimine el cepo y se libere el mercado.

Pero liberar el cepo y dejar flotar el tipo de cambio es solo un paso, porque si el desequilibrio fiscal persiste, la emisión monetaria para financiar el gasto acelerará la inflación alimentando, finalmente, una constante suba del tipo de cambio nominal.


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http://www.lanacion.com.ar/1776892-no-hay-que-enamorarse-del-cambio-de-expectativas

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