Los planes económicos de los candidatos presidenciales

(*) Extracto de la nota firmada por el periodista y publicada este fin de semana por el diario La Nación.


Los presidenciables y sus asesores económicos enfrentan, en caso de ganar las elecciones, un desafío asimilable al que un viejo chiste imponía al último de los siete maridos de la actriz Liz Taylor: sabía qué debía hacer, pero el problema era cómo tornarlo atractivo, efectivo (y duradero).

Hace meses que esta tensión entre el qué y el cómo viene aumentando la ansiedad y los interrogantes de empresarios y economistas. Sobre todo desde que el gobierno de Cristina Kirchner reforzó el ancla cambiaria y tarifaria para aquietar la inflación, el racionamiento de divisas y apunta a seguir subiendo el gasto público y la emisión, mientras absorbe esos pesos con deuda del Banco Central a altas tasas de interés, a costa de deprimir el crédito al sector privado, el repunte de la economía y del empleo. Este menú acentúa los desequilibrios macroeconómicos de arrastre y el costo político de corregirlos, que CFK endosará a quien vaya a sucederla, sea oficialista u opositor.

Sin embargo, las respuestas a esos interrogantes tardarán en llegar. No sólo porque los candidatos con mayor intención de voto en las encuestas (Massa, Scioli, Macri) están en la etapa de diagnóstico o armado de equipos técnicos, sino porque todavía faltan tres meses para formalizar alianzas y precandidaturas; cinco para las PASO nacionales y algo más de siete para las elecciones presidenciales del 25 de octubre.

Es cierto que, en privado, los economistas que trabajan con los candidatos vienen garabateando, en borrador, probables políticas y medidas para aplicar apenas asuman, con la idea de generar un shock de confianza que revierta las expectativas a fin de 2015. Pero casi todos se cuidan de mostrar anticipadamente las cartas y prefieren ser generalistas. "Cualquier propuesta prematura nos expone a un feroz escrache kirchnerista", se escuda en privado un ex funcionario K, ahora opositor, con vasta experiencia política. Aún así nadie se presenta como ortodoxo, incluso en el equipo de Macri que enarbola ideas menos intervencionistas. Y en el de Scioli, quien alterna consultas permanentes con su contador Rafael Perelmiter y periódicas con los economistas Miguel Bein y Mario Blejer, sus funcionarios más cercanos optan por edulcorar los diagnósticos sobre la futura herencia económica (“estamos mejor que en otras transiciones”), para privilegiar el eslogan “lo mejor está por venir”.

Con más pragmatismo que ideología, hay ciertos consensos implícitos que surgen de consultas off the record con asesores económicos de los presidenciables. Uno es la urgente necesidad de despolitizar y profesionalizar el Indec, para recuperar la confiabilidad en el sistema estadístico y de cuentas nacionales. Otro, la reducción gradual y selectiva de subsidios a las tarifas, especialmente en la Capital y el Gran Buenos Aires. Un tercero, más difuso en el cómo, es depurar de militantes rentados y “ñoquis” con altos sueldos a centenares de reparticiones y empresas públicas. Tal vez, con planes de retiro o exigencias de idoneidad. Incluso, en voz baja, hay quienes hablan de reglamentar la publicidad oficial y pautar mejoras de eficiencia en el gasto y la obra pública. Pero lejos de promover una ley de responsabilidad fiscal.

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