Fondos jubilatorios: ¿déficit estructural o agujero negro?

Por Roberto Salomón

*) Extracto del Informe Especial firmado por el economista y publicado ayer por la consultora privada Econométrica.


Existe una opinión generalizada de que el sistema jubilatorio es una bomba de tiempo debido a que, según cifras del Ministerio de Trabajo, en el segundo trimestre de 2014 había solo 1,72 trabajador en actividad por cada jubilado (9,4 millones contra 5,5 millones), mientras algunas fuentes privadas estimaban una relación aun más baja. Esa proporción se redujo aun más con la reciente moratoria previsional, en la que personas que no han efectuado aportes o que de alguna manera no cumplen con los requisitos normales pueden acceder a los beneficios.

Es innegable que los aportes de los relativamente pocos trabajadores activos no resultan suficientes para financiar las jubilaciones de los actuales beneficiarios. Esto sucede no sólo en la Argentina: en Estados Unidos hay serias preocupaciones porque, debido al envejecimiento de la población, hay 2,8 trabajadores por cada jubilado (163 millones contra 53 millones) y se debe recurrir en forma creciente a las reservas del sistema para financiar los beneficios actuales. En nuestro país, aun con 26 por ciento de aportes, se necesitan casi cuatro aportantes por cada jubilado o pensionado. Por tal motivo, el déficit de caja del sistema previsional, si se financia solo con las contribuciones de los aportantes, asciende a 1,2 por ciento del PBI.

En 2013 las contribuciones a la seguridad social sumaron casi 230.000 millones de pesos, mientras las prestaciones excedieron los 270.000 millones. Esa enorme brecha entre los recursos disponibles y las obligaciones, tanto presentes como futuras, ha sido consecuencia de la repetida dilapidación de los fondos jubilatorios que se destinaron a financiar otros gastos públicos. También la inversión en títulos públicos de bajo rendimiento, que en la década de los 90 eran de pago imposible y resultaron en el canje con quita. Por último, las recientes moratorias tendientes a permitir la incorporación al sistema de personas que no han aportado lo suficiente para financiar su retiro, si bien cumplen una loable función social, no fueron acompañadas de una seria consideración de las fuentes de financiamiento de esos beneficios para mitigar su impacto sobre el déficit presupuestario. Como resultado de todo lo anterior, más de 80 por ciento de la clase pasiva percibe la jubilación mínima, por debajo del nivel de pobreza.

La compleja situación financiera del sistema genera una potencial bomba de tiempo que creará serios problemas para el gobierno que surja de las próximas elecciones, cualquiera sea su signo político, y, tarde o temprano, habrá que tomar serias medidas para evitar que dicha bomba se torne aun más difícil de desactivar y evitar que produzca un estallido social.


Ver el informe completo

http://www.econometrica.com.ar/productosservicios/archivos/especiales/Econometrica%20S.A%20-%20Especial%20-%20Enero%202015%20-%20Salomon.pdf

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