Un escenario más complicado en términos de actividad y empleo

(*) Extracto del artículo publicado en la sección “Análisis global” del último número de Informe Económico de Coyuntura, la revista mensual del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


A partir del entendimiento de que entre los varios desequilibrios que hoy expone la economía argentina el más significativo es la restricción de divisas, por sus efectos contractivos sobre el nivel de actividad, el Gobierno ha adoptado una serie de medidas tendiente a preservar, al menos temporalmente, la magnitud de las reservas internacionales

Por el lado de los ingresos ha negociado la liquidación de exportaciones de soja que aún no se habían realizado, al tiempo que formalizó el swap de monedas con China y obtuvo divisas del Banco de Francia y por la licitación de telefonía móvil. Tales recursos no solucionan el problema, pero constituyen un alivio transitorio, si finalmente a partir de 2015 es posible acceder al financiamiento internacional.

A su vez, y con el propósito de moderar la demanda de divisas, se han extremado los controles punitivos sobre las operaciones en el mercado de cambios no oficial y se han generado alternativas financieras como, por ejemplo, la colocación de bonos en pesos que se ajustan por el tipo de cambio oficial (dollar linked) más una tasa de interés. Por cierto continúan los controles sobre las importaciones y el cepo cambiario para la adquisición de divisas con fines turísticos, de ahorro, etc.

Momentáneamente estas acciones han logrado reducir la brecha entre los tipos de cambio oficial y paralelo, y moderar las expectativas de devaluación en el corto plazo. Sin embargo, en la medida que también se profundiza el déficit fiscal financiado con emisión monetaria (inflación) y ahora además con créditos (bonos dollar linked) que desplazan al sector privado, las consecuencias negativas sobre el nivel de actividad tienden a acentuarse.

Alta inflación, pérdida de poder adquisitivo de los ingresos personales (salarios, jubilaciones, subsidios sociales), restricción sobre los insumos importados, menor flujo de crédito al sector privado e incremento de la desocupación laboral, conforman un escenario en el cual, mes a mes, los datos sobre producción y consumo son más negativos.

Al respecto, la información estadística no oficial da cuenta de una contracción del nivel de actividad del orden de 2 por ciento en los primeros 10 meses del corriente año, que se acerca a una caída de casi 4 por ciento al comparar el registro de octubre último con el mismo mes de 2013. La evolución del sector industrial es más preocupante aun --inclusive por sus efectos sobre la ocupación laboral--, ya que disminuye más de 4 por ciento en los primeros 10 meses del año. Desde el lado de la demanda, por su parte, corresponde señalar que las ventas minoristas caen 7,5 por ciento en el lapso enero-octubre del año en curso y que el Índice de Confianza del Consumidor que elabora la Universidad Di Tella disminuyó en noviembre 12,5 por ciento en la comparación interanual.

La contracción de la demanda obedece a una baja en el poder adquisitivo de quienes perciben ingresos fijos, por efecto de la inflación en primer lugar --con mayor razón en los salarios que son alcanzados por el Impuesto a las Ganancias que no actualiza el mínimo no imponible-- y también, en particular para los bienes durables de consumo, por las menores facilidades crediticias.

Además, la creciente preocupación por la estabilidad laboral, que se expresa no solo en el incremento de la desocupación sino también en una significativa cantidad de suspensiones, adelanto de vacaciones y otros mecanismos de adaptación a los menores niveles de actividad productiva, juega un papel moderador en las decisiones de consumo de un sector importante de la población.

En definitiva, vista la evolución de los indicadores de coyuntura y los comportamientos y expectativas de los agentes económicos en el corto plazo, existe una creciente percepción entre los analistas con respecto a que el cuarto y último trimestre del año en curso puede mostrar los registros más negativos de 2014. En tal caso, la proyección de una baja de 2 por ciento en el producto bruto interno (PBI) para todo el año podría verse ampliada a un porcentaje algo superior.


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