Los responsables de la inflación

Por Orlando J. Ferreres

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(*) Extracto del artículo firmado por el exviceministro de Economía y publicado ayer por el diario La Nación en su sitio web.


La inflación de seis décadas, desde 1944 a 2004, ha sido de 70 por ciento promedio anual. No analizamos los datos posteriores a 2004, pues hay controversia con las cifras oficiales. Esta inflación no es en sí el problema sino el síntoma de una enfermedad oculta de la Argentina que no tiene una causa única, sino múltiples. Aquellos que tuvieron poder en el país en esos largos años no atacaron o no señalaron los problemas de fondo, lo que hubiera permitido erradicar o al menos moderar la inflación a las cifras tolerables internacionalmente de 2 por ciento por año. En este artículo nos vamos a concentrar en los responsables de la inflación y dejaremos el análisis de las causas para otra nota.

Los factores de poder han convivido con la inflación alta y la hiperinflación. Es por eso que, salvo contadas excepciones, ni los políticos, ni los sindicalistas, ni los empresarios quedan exentos de culpa por este extraordinario hecho de obligar a un pueblo a convivir con una inflación promedio de más de 70% por año. Los efectos destructivos sobre el proyecto común que implica una inflación de este descomunal tamaño por tanto tiempo van mucho más allá de la economía y llevan a una psicología de lo inmediato, al sálvese quien pueda, al no pensar en el largo plazo, al “yo, argentino”.

Al observar los partidos políticos se nota que hay personas allí enquistadas que se sienten “dueños” de esos partidos, que orquestan las cosas para seguir mandando y que la población tenga que optar en las elecciones por lo que se ofrece aunque no sea de su agrado, incluso con candidatos testimoniales.

También en los gremios hay dirigentes enquistados y permanentemente se quedan en los puestos clave y se vuelven muy ricos con la forma de operar que tienen estas organizaciones. Con este esquema de partidos políticos y gremios representando a los trabajadores no hay forma de obtener confianza para gobernar el país en función del bien común. Solo interesa, en última instancia, el negocio particular.

También tenemos pseudoempresarios, que arreglan con el funcionario público ventajas, subsidios a su empresa, protecciones excesivas, prórrogas y demás triquiñuelas para seguir ganando dinero a costa de todos los argentinos, sin correr riesgos, que es justamente lo opuesto a ser un empresario.

Este proceso de conducción del país es una vergüenza. Algunos estudiosos concluyen que los dirigentes salen de la sociedad y la que está enferma es la sociedad toda, por eso tenemos dirigentes malos, representativos de esa sociedad. No creo en esta conclusión. A la sociedad le cuesta mucho la organización de la “acción colectiva”, salvo que sea por un tema específico, como luchar contra “el corralito” o contra los “derechos de exportación móviles”. Por lo tanto, lo que predomina son grupos relativamente chicos, organizados y con intereses económicos o políticos muy específicos.

Para el bien del país, es necesario un cambio definitivo que tenemos que lograr sobre la base de insistir con la necesidad imperiosa de al menos dos cosas:

-- En los dirigentes, un mejor nivel de preparación para manejar un Estado nacional que está entre los 10 primeros del mundo por territorio y vivir una ética no negociable.

-- En lo institucional, reglas del juego mejores y más claras, eliminando al dirigente “que dicta”, que se cree que la “ley” es él mismo y que las reglas son para los demás.

Si las dos condiciones se cumplen, estaremos mejor. Con una sola no basta.


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http://www.lanacion.com.ar/1748831-los-responsables-de-la-inflacion

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