Valores y política

Por Orlando J. Ferreres


(*) Extracto del artículo firmado por el exviceministro de Economía y publicado ayer por el diario La Nación en su sitio web.

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Desde hace 80 años y aún más, hemos sufrido presidentes que prometieron metas muy buenas para todos, pero que después no cumplieron con esas promesas. Naturalmente, hicieron y hacen propaganda de sus propios logros, que no fueron tales. Lamentablemente, es fácil comprobarlo: la Argentina es el país que más retrocedió, en forma relativa, respecto de los demás países en los últimos 80 años y los últimos 10 años no fueron una excepción.

¿Puede haber un presidente basado en la gestión, sin poner ningún énfasis en los valores? Es imposible que encontremos un presidente sin valores que en el largo plazo sea exitoso. Por supuesto que su gestión práctica tiene que ser impecable, en la que se destacarán en primer lugar lograr la ocupación formal de la población económicamente activa, es decir, que el desempleo y la pobreza sean mínimos para lo cual tendrá que establecer una macroeconomía ordenada y estable a largo plazo, que favorezca la inversión bruta interna fija, única fuente de ocupación genuina, con un gasto publico chico, eficiente y sin déficit de las cuentas del Estado, sin inflación, con un tipo de cambio que mantenga la fluidez de las exportaciones. De esta forma, ni se deteriorarán los salarios reales ni las economías regionales languidecerán, como ocurre ahora, pues las afecta un tipo de cambio atrasado.

Sin embargo, eso sería lograr quizá “un espacio eficiente de factores productivos”, pero distaría mucho de ser una Nación y mucho menos “nuestra Patria”. Estos conceptos llevan implícitos un conjunto de valores compartidos que hay que cultivar y nadie puede cultivar lo que no tiene.

Los derechos humanos de todos vienen en primer lugar, no solo los derechos de los que a mí me gustan o de los que me aplauden.

El segundo punto, tampoco económico, son las normas o instituciones. Éstas son el cemento, el pegamento de la sociedad. Sin normas, no hay sociedad. Desde 1930 o aún antes, hemos sufrido golpes militares apoyados por civiles, después gobiernos civiles que no lograron resolver los problemas y volvieron la ronda de gobiernos militares/gobiernos civiles sin resultado para los ciudadanos, que son la consecuencia de una decadencia innegable.

Por suerte, los golpes ya no son posibles como antes. Hemos logrado, sin embargo, una democracia insuficiente, populista, cortoplacista, que ataca los problemas con palabras circunstanciales, pero que no los resuelve en forma definitiva. La pobreza aumentó desde que se reinició la democracia en 1983.

Ahora tenemos que aprender una democracia que sepa imponer normas, que son límites, andariveles, que indiquen por dónde se puede transitar y por dónde no. Hemos creído que la democracia era hacer lo que a cada uno se le da la gana, sin contemplar a los demás ni a la sociedad en su conjunto, un sálvese quien pueda donde siempre triunfa, y triunfó, el que mejor relación (económica) mantiene con el poderoso de turno. Esto no va más.


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http://www.lanacion.com.ar/1746794-valores-y-politica

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