Cuidado con el desarreglado tándem fiscal-monetario

Por Eduardo Curia

(*) Extracto del artículo firmado por el exviceministro de Economía y publicado la semana pasada por el diario El Cronista.

Hace días, el nuevo titular del Banco Central descartó la devaluación como una política deliberada; su impacto, adujo, se diluiría en las subas de precios, tal como sucedió con la devaluación de enero. Jugaría negativamente la idiosincrasia argentina.

Sin duda, el efecto de esa devaluación se disipó, volviendo, en cuanto al dólar, al nivel radical de sobrevaluación cambiaria real, similar al de fines de la convertibilidad (claro, siempre se puede alegar, cual escape, una referencia alternativa más tibia). Ahora, en aquel fenómeno, aparte de la supuestas idiosincracia y morbidez de los agentes, no se olvide la responsabilidad oficial por una limitada comprensión y ejecución del proceso, ausente un marco integral de éste para encauzar sus implicancias.

¿Qué ocurrió cuando se evidenció, dada su floja gestión, la disolución del efecto de la devaluación de enero? Sumando las secuelas del affaire Griesa-buitres, se reavivaron expectativas devaluatorias y presiones sobre las reservas, los distintos mercados de cambio y la brecha. Debido, en lo esencial, a que se desvanecían los resortes que aspiraban a ablandar la restricción externa instalada por el esquema macro que arrancó en 2010.

La situación llevó a las autoridades a un enfoque de emergencia para el resto del año, que incluye controles e intervenciones en los mercados de cambio alternativos, la obligación de liquidar dólares por parte de algunos agentes, ahondar el racionamiento de divisas, negociar el ingreso de dólares con las cerealeras, y confiar en algún otro aporte (de capital, algo del swap con China). Lo que daría margen para, mientras se afrontan las exigencias del dólar ahorro y las iniciales de la estacionalidad turística, defender el stock de reservas y ceñir algo las expectativas de devaluación y la brecha cambiaria (con un dólar oficial que ajusta poco).

Pero todo esto no asegura por sí una cabal solución de continuidad, lo que depende de cómo se desemboque en 2015. En ese momento, en medio de un estancamiento básico y una inflación aun elevada (con alta rotación de precios-costos), se acerca una fuerte manifestación del desarreglado tándem fiscal-monetario, con chances de repercusión en materia de demanda de dinero y de demanda potencial de dólares.

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http://www.cronista.com/contenidos/2014/11/05/noticia_0024.html

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